Arte

Descubriendo Museos : MUSEO CALOUSTE GULBENKIAN por Daniel Benoit Cassou

Daniel Benoit Cassou

Este museo es uno de los mas refinados de toda Europa, opinión basada en la exquisita y nada abrumadora colección de piezas de arte que reúne, así como el espacio arquitectónico finamente concebido para albergar este acervo.

Todo comenzó con la incipiente curiosidad de su fundador Calouste Gulbenkian quien a la edad de 14 años se dejó seducir por unas monedas antiguas en un bazar de Estambul, pero para ello tuvo que concebir una fortuna y vaya si lo logró.

El Museo Gulbenkian es un legado póstumo que abrió sus puertas en Lisboa en 1969 luego de arduas negociaciones con los poseedores de las obras de Calouste dispersas por varias ciudades de Estados Unidos y Europa.

Sus obras habían sido diseminadas entre New York, en la National Gallery de Washington, en algunos museos de París así como en su residencia en la Avenue d’Iena sede hoy día de su fundación en Francia, en el British Museum y la National Gallery de Londres, donde iba prestando y depositando su colección hasta tanto no saber donde se iba a asentar, aspecto que se precipitó cuando estuvo asediado por varios enemigos luego de la II Guerra Mundial.

Calouste Gulbenkian nació en el seno de una familia armenia principesca que se remontaba hasta el siglo IV, en Scutari, hoy Üsküdar provincia de Estambul en 1869.

De acuerdo al perfil de su familia, fue enviado a Londres donde se diplomó como ingeniero en el King’s Collage.

Contrajo matrimonio con Nevarte Enssayan quien provenía de otra distinguida familia otomana armenia con base en Londres, mas antigua que la suya y la cual le abrirá las puertas al resto de la elite de comerciantes nacionales e internacionales.

Durante las masacres armenias en Turquía (1894-1896), la familia se mudó a Egipto.

Producto de su gran curiosidad aspecto que le acompañará durante toda su vida y a raíz de un viaje que hiciera a sus 22 años a un campo petrolero ubicado en Baku en el Cáucaso (hoy día capital de Azerbaiyán), se va a interesar en el petróleo recurso natural usado hasta ese momento exclusivamente como kerosene para la iluminación.

Partiendo de esa instancia, movilizó a inversores internacionales así como al gobierno turco logrando ser el primer impulsor de la industria petrolera del Golfo Pérsico.

En 1912 fue cofundador de la Turkish Petroleum Company que explotaba las reservas de crudo de Irak de la cual participaba con un 15% y luego también fue cofundador de la Shell.

Quizás fue le mayor magnate del petróleo aparte de Rockefeller.

Luego de la I Guerra Mundial y con la nacionalidad inglesa obtenida en 1902, fue nombrado representante comercial y diplomático de Persia (Irán) en la capital francesa, cargo que ocupó durante 24 años.

En ese momento coincidiendo con al caída del Imperio Otomano, los estadounidenses entraron en el negocio del crudo en Oriente Próximo y fue Gulbenkian quien medió entre las partes incluyendo a los ingleses, holandeses y franceses y su participación en la Irak Petroleum Co. Ltd se redujo al 5%, razón que le llevó a ser denominado “Mister Five Per Cent”.

Estos altos cargos que ocupaba le llevaron a amasar una gran fortuna amén de los puestos diplomáticos de relevancia que fue logrando que le generaban notoriedad internacional.

Pero ninguno de estos amigos, incluyendo a Winston Churchill aliado en las negociaciones petroleras a partir de 1911, estuvieron a la altura de sus necesidades luego de acabada la II Guerra Mundial cuando el magnate que llegó a ser el hombre mas rico del mundo buscaba país para asentarse sin que le metieran la mano en el bolsillo para cobrarle impuestos.

Sus empresas se alojaban en paraísos fiscales lo que hoy día llamados “off shore” y no dejaba ganancia alguna con sus comisiones.

Tampoco ningún país quería albergarlo a raíz de sus negocios turbios.

Inglaterra lo había rotulado de enemigo, Francia le obligaba a legar toda su fortuna a los hijos y Estados Unidos le hacía demasiadas preguntas en relación a su fortuna.

El libro “Mr Five Per Cent” de Jonathan Conlin publicado en 2019, lo describe como un “hombre que transita entre las sombras, un manipulador del hilo en la trastienda, solamente interesado en cuidar su intrincada y complicada estructura que había construido como fortaleza y templo de su riqueza”. Enemigo de todo el mundo, razón por la cual siempre estuvo evadiendo situaciones que comprometieran sus negocios.

No en vano terminó aliándose con el dictador de Portugal, Antonio de Oliveira Salazar.

Luego de vivir dos décadas en París, y con al intención de volar hasta New York, Gulbenkian hizo una escala en Lisboa la cual iba a ser solamente de dos semanas, pero el destino y Salazar, tenían otras ideas para con su vida.

Allí se sintió muy a gusto, “como en casa”, diría, y de Lisboa no se fue mas.

Vivió en el hotel Aviz (hoy dia en Sheraton) durante sus últimos 13 años de vida. Falleció en 1955 a la edad de 86 años.

Salazar, la había garantizado que su legado no se diluiría en impuestos y en compensación de ello, Gulbenkian testó toda su colección a favor de Portugal.

Para ello dejó estipulado minuciosamente, como buen negociador que era donde su lema era “revisa, revisa, revisa”, la creación de una fundación que registró sus estatutos en 1956.

Luego de arduas negociaciones, la colección logró reunir todo su acervo en 1960 con las piezas que viajaron desde los distintos países en los cuales se encontraba diseminada.

Fue expuesta finalmente entre 1965 y 1969 en el Palacio de los Marqueses de Pombal en Oerias a pocos kilómetros de Lisboa.

Recorrer las salas de este exquisito museo es un placer pues no abruma y en poco tiempo ya habremos visitado la totalidad del mismo.

A Gulbenkian le gustaban los objetos bellos y esa era la consigna para que una obra fuera de su interés. No se guiaba por la fama de los artistas ni por la importancia de tal o cual corriente artística.

Sin embargo tiene algunas obras emblemáticas producto de las circunstancias del apremio del gobierno ruso que adquirió provenientes del Museo Hermitage.

En 1931 luego de negociar con Stalin, adquirió dos obras de Rembrandt, un Watteau, un Rubens, la famosa escultura en mármol de Diana de 1780 de tamaño real, así como un bronce neoclásico llamado Apolo de 1790, ambas piezas del francés Jean-Antoine Houdon (1741-1828), todas provenientes del Museo Hermitage de San Petersburgo.

También su colección, a pesar de no estar interesado en el arte del siglo XX, alberga obra de Edouard Manet, Claude Monet, Edgar Degas, entre otros reconocidos artistas.

Su colección original, denominada “Coleccion del Fundador” está compuesta por pinturas, esculturas, objetos varios, numismática, alfombras, brocados, vestidos, lámparas, cerámicas, manuscritos armenios, jades chicos, estampas japonesas y libros provenientes del arte antiguo y moderno, incluyendo piezas del Antiguo Egipto, asirio, turco, persa, indio, mundo islámico, China, Japón y una exquisita selección de joyas de René Lalique.

Calouste alojaba sus obras de arte en sus mansiones diseminadas por el mundo como la ubicada en las cercanías de Dauville, Normandía que usaba como refugio, en las cuales nunca dormía pues prefería pasar las noches en diferentes hoteles en particular en el Ritz de París, tal vez asediado por su inseguridad personal.

Con posterioridad a su fallecimiento y de acuerdo a sus lineamientos se creó la “Coleccion Moderna” compuesta por el mayor acervo de arte portugués del siglo XX.

La Fundación Gulbenkian reúne mas de seis mil obras de arte y es el sitio cultural mas visitado de todo Portugal.

El museo está dividido en 16 salas clasificadas con la obras dependiendo de su origen y estilo: Egipto, Grecorromano, Mesopotánico, Islam, armenio, Lejano Oriente, Marfil y libros miniados, Pintura y escultura de los siglos XV al XVII de Alemania, Holanda, Flandes e Italia, Arte del Renacimiento, Artes decorativas francesas del siglo XVIII, Pinturas y esculturas francesas del siglo XVIII, Plata Francesa del siglo XVIII y XIX, Pinturas inglesas del siglo XVIII y XIX, Lienzos italianos del siglo XVIII, Pinturas y esculturas francesas del siglo XIX, y por último y no menos importante la Sala destinada a las piezas de Rene Lalique.

Incluye una biblioteca de arte, un sector destinado a la música, una editorial, un instituto de ciencias y un jardín destinado a la botánica.

Este aspecto participativo y abierto al público se contradice con el bajo perfil de Gulbenkian quien se caracterizaba por su ostracismo a la hora de mostrar sus obras. Tal vez también por temor a su seguridad siendo un hombre que había amasado tanta fortuna siendo solamente un negociador entre las partes.

Entendía que sus obras de arte eran una especie de mujeres de su propio harem y que por lo tanto no debían de ser expuestas frente a extraños, una peculiar e incomprensible actitud a la luz de su posterior generosidad para con el mundo entero.

En 1959 la Fundación Gulbenkian citó a tres equipos de arquitectos a presentar un proyecto para albergar la colección sobre el antiguo Parque de Santa Gertrudes, pulmón verde de Lisboa.

La propuesta ganadora recayó sobre el equipo de arquitectos portugueses Ruy d’Athouguia, Alberto Pessoa y Pedro Cid, conjunto edilicio que en 2010 fue merecedor del premio como el primer conjunto del patrimonio arquitectónico portugués del siglo XX con la clasificación de Monumento Nacional.

Sus interiores a escala humana, fueron diseñados teniendo en cuenta los materiales que acogerían las piezas de la colección considerando los espacios para albergar en forma especial a las alfombras, entre otras piezas.

A diferencia del edifico que alberga la Frick Collection de New York, que reúne también una refinada colección personal, el Museo Gulbenkian construyó especialmente el espacio edilicio para albergar las piezas que los arquitectos tuvieron presente.

El diseño de los jardines estuvo a cargo de los arquitectos paisajistas Antonio Viana Barreto y Gonçalo Ribeiro Telles, logrando el espacio verde con mayor prestigio dentro del movimiento verde en Portugal.

En 1983 fue inaugurado un nuevo edificio dentro del propio jardín para albergar la Colección Moderna del museo, proyecto que estuvo a cargo del arquitecto ingles John Leslie Martin (Manchester, 1908-2000) y con la colaboración de José Sommer Ribeiro (Lisboa,1924-2006).

Alineado con la consigna del permanente aporte del museo, en setiembre de 2024, con muchos meses de atraso por cierto, será inaugurada la expansión de la Colección Moderna con una obra del arquitecto japonés Kengo Kuma (Yokohama, 1954), que establece una unión en forma de diálogo entre el edificio y el jardín.

Kuma se caracteriza por su fascinante habilidad zen para fusionar la arquitectura con la naturaleza.

Inspirado en la pasarela que rodea las viviendas tradicionales japonesas o engawa, el proyecto crea un espacio social en sombra que enlaza el Centro de Arte Moderno y los jardines de la Fundación Gulbenkian.

Si la colección Gulbekian merece una visita, también el conjunto edilicio así como sus jardines y este nuevo aporte de Kuma, son dignos de un buen recorrido.

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