Editorial

Soberbia política…mala consejera

La Soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió

Todos conocemos a algún soberbio…y si es político peor.

Según definición de la real academia, la soberbia política es un término que se refiere al comportamiento arrogante, orgulloso o prepotente de algunos líderes políticos o figuras públicas en el ejercicio del poder.

La pregunta que surge naturalmente

¿Todos pueden manejar el poder sin caer en la soberbia?

Por supuesto que no, y no es solamente una afirmación nuestra.

Vemos soberbios por doquier.

Normalmente esta debilidad, porque de eso se trata, puede manifestarse de diversas formas, como la total falta de disposición para escuchar opiniones diferentes, el querer imponer sus ideas sin considerar otras perspectivas, el menosprecio hacia cualquier persona que considere su oponente político.

Normalmente esto ocurre cuando se tiene un exceso de poder y autoridad sin contrapesos efectivos, donde vemos que caen indeclinable mente en la soberbia, al creerse intocables o infalibles.

Si un político no sabe recibir críticas constructivas o no las acepta, puede desarrollar una actitud arrogante al creer que no necesita mejorar o cambiar su enfoque…se cree semi Dios

Cuando los líderes políticos se aíslan de la realidad y no interactúan de manera significativa con la ciudadanía, pueden perder la empatía y desarrollar una actitud soberbia al no comprender las necesidades y preocupaciones reales de las personas.

En entornos políticos donde se fomente un culto excesivo a la personalidad del líder, este puede desarrollar una visión inflada de sí mismo y caer en la soberbia al sentirse superior a los demás.

Por otra parte, la ausencia de mecanismos efectivos de rendición de cuentas puede llevar a líderes políticos a comportarse de manera arrogante al no tener consecuencias claras por sus acciones.,

Cuando los líderes políticos carecen de humildad y no son capaces de autocriticarse o reconocer sus errores, pueden adoptar una actitud soberbia al pensar que siempre tienen la razón y no necesitan corregirse.

Estos factores, pueden combinarse y generar un ambiente propicio para la aparición y perpetuación de la soberbia política en diferentes niveles de gobierno y liderazgo.

La actitud arrogante y la falta de empatía pueden alimentar la polarización y la confrontación en el ámbito político. Esto puede generar un clima de tensión y división que dificulta la búsqueda de acuerdos y el trabajo conjunto en beneficio de la sociedad.

Los líderes políticos soberbios pueden generar desconfianza y desapego entre la ciudadanía. Cuando la población percibe que sus líderes son arrogantes y no se preocupan por sus necesidades, se puede erosionar la confianza en las instituciones políticas y en el sistema democrático en general.

La falta de apertura a nuevas ideas y enfoques puede llevar a un estancamiento en la toma de decisiones y en la implementación de políticas públicas. La persona soberbia puede resistirse al cambio y a la innovación, lo que afecta la capacidad del gobierno para adaptarse a los desafíos y oportunidades emergentes.

 En algunos casos, la soberbia política puede estar asociada con prácticas corruptas y abuso de poder.

Cuando un líder político se siente intocable o por encima de la ley, puede estar más propenso a comportamientos antidemocráticos y a utilizar su posición para beneficio personal o de su círculo cercano, en detrimento de la colectividad política y la sociedad en general.

En resumen, la soberbia política puede tener consecuencias negativas significativas en la calidad del gobierno, la confianza ciudadana y el funcionamiento democrático de una sociedad.

No permitamos que la soberbia nos gane.

El director

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