Editorial

¿Vale todo en política ? …

Comenzamos la campaña electoral rumbo a las internas; a sabiendas que la intensidad cada día será mayor.

Para ello, somos conscientes que cada candidato utiliza todas las herramientas que estén a su alcance, dependiendo de su estructura, capacidad económica y convencimiento en el proyecto.

Entre las herramientas se encuentran las redes sociales, que si bien no son determinantes, son una buena herramienta que ayudan a promocionar al candidato y por ende al Partido al cual pertenece; no obstante esta herramienta permite, en algunos casos, prácticas no muy claras, lo que podría ensuciar la campaña.

Por otra parte los grados de suciedad y engaño que tienen los diferentes períodos pre electorales, están enmarcadas, en algunos casos, en estrategias que buscan desacreditar a los oponentes utilizando información falsa, distorsionada o difamatoria.

Estas prácticas no solo son éticamente cuestionables, sino que también pueden tener consecuencias negativas para la confianza pública en el proceso democrático y la percepción de los partidos políticos.

No es una buena idea difamar en las redes sociales ni en ningún otro medio. La difamación implica comunicar información falsa o engañosa que daña la reputación de una persona, su familia o entorno donde se mueve.

Utilizar la difamación a través de redes falsas o el anonimato demuestra de quien la práctica, normalmente en la oscuridad, ser una mala persona, habituada a usar practicas deshonestas y perjudiciales…conducta que seguramente lo aplica en su diario vivir.

Estas acciones no solo dañan la reputación de otros de manera injusta, sino que también revelan por parte de quien la practica falta de personalidad, inseguridad, mucha cobardía y por ende carece de absoluta integridad como persona, al no respetar la verdad y la ética.

Una persona que se dedica permanentemente a enredar las situaciones políticas suele tener un comportamiento perjudicial para el debate político saludable y la toma de decisiones maduras al utilizar permanentemente practicas deshonestas, difamatorias o manipuladoras para obtener ventajas personales o para desacreditar a otros por debilidad, motivos egoístas o malintencionados.

Nos preguntamos; ¿vale todo en política ?

Estamos convencidos de que no.

Estas personas que normalmente recurren a prácticas difamatorias, son las menos, no obstante es imperioso que aprendan a buscar formas constructivas de expresar los desacuerdos o críticas, a través del debate basado en argumentos sólidos y el respeto por la dignidad de todas las personas involucradas…conducta muy difícil .

Para contrarrestar este tipo de comportamientos, es importante que los actores políticos y la sociedad en general fomenten valores como la honestidad, la transparencia, el respeto por la verdad y la ética en la comunicación y en las interacciones políticas.

Concluyendo; es crucial estar alerta ante posibles intentos de manipulación o difamación y es conveniente siempre verificar la veracidad de la información antes de creerla o difundirla; de lo contrario la campaña se tornará muy difícil, donde no aparecerá el tan necesario debate de ideas.

El director

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