Internacionales

Sesenta migrantes mueren de hambre y sed en una lancha a la deriva en el Mediterráneo

Según los supervivientes, también fallecieron por quemaduras, tras una semana sin recibir ayuda

Nueva tragedia en el Mediterráneo. Al menos sesenta personas habrían muerto a bordo de una lancha neumática tratando de llegar a Italia desde las costas libias. Así lo han contado los supervivientes que fueron rescatados este miércoles por el barco humanitario Ocean Viking, de la oenegé francesa SOS Mediterranée, que aseguran que estuvieron durante una semana en el Mediterráneo central sin haber recibido ayuda pese a que aviones y helicópteros sobrevolaron sobre ellos.

El bote partió hace una semana desde el puerto libio de Zauiya pero al tercer día de navegación el motor dejó de funcionar, “dejando su barco perdido a la deriva sin agua ni comida durante días”. Se podría tratar del mismo que hace unos días advirtió Alarm Phone, una organización que recibe las llamadas de los migrantes con problemas, que avisó que había 75 personas en situación de riesgo. Entre los fallecidos habría mujeres y niños, que murieron de hambre, de sed o como consecuencia de las quemaduras de carburante de la lancha.

Naufragio

El bote partió hace una semana desde el puerto libio de Zauiya pero al tercer día de navegación el motor dejó de funcionar,

Según ha explicado SOS Mediterranée, cuando los encontraron la situación era muy complicada, de “extrema vulnerabilidad física y mental”, por las duras condiciones que habían soportado durante la última semana que habían pasado sin víveres en alta mar y viendo morir ante sus ojos a compañeros de travesía, algunos de ellos familiares y amigos. Todos requirieron de atención sanitaria, y dos de ellos fueron hallados inconscientes y en estado crítico y tuvieron que pedir ayuda a la guardia costera italiana para ser evacuados. Finalmente, fueron llevados a un hospital de Sicilia en helicóptero. Otros sufrían hipotermia y casi todos estaban extremadamente deshidratados tras haber bebido solo algo de agua de mar para permanecer con vida.

“Encontré un hombre que ha perdido a su mujer y a su hijo de un año y medio –ha contado la portavoz de la oenegé, Lucille Guenier-. El niño murió durante los primeros días de navegación, la madre, al cuarto. Eran todos senegaleses y se encontraban desde hace más de dos años en Libia”.

Después de esta complicada operación, el Ocean Viking realizó otros dos rescates siguiendo las indicaciones de la guardia costera italiana. En total lleva a bordo a 224 personas, que se dirigen hacia el puerto de Ancona, a 1.450 kilómetros de distancia, el asignado por las autoridades italianas para desembarcar. Esto sigue la política del Ejecutivo de Giorgia Meloni de elegir puertos alejados para desincentivar la presencia de las oenegés en el Mediterráneo pero, según la organización, la larga travesía solo comporta un riesgo de empeoramiento de las condiciones médicas de los supervivientes. “Algunos todavía llevan máscaras de oxígeno para recuperarse”, apuntan.

El portavoz de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) Flavio di Giacomo advierte que esta tragedia demuestra que el sistema de socorro de migrantes en el Mediterráneo Central es todavía “ampliamente insuficiente” y se debe hacer más para salvar vidas. La oposición italiana también se ha apresurado a criticar al Gobierno de Meloni por la que, según el responsable del Partido Demócrata para las políticas migratorias, Pierfrancesco Majorino, es la “vergonzosa enésima matanza sin rescate”.

La Vanguardia

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